Elisa Rodríguez

En la búsqueda de qué hacer tras la carrera me puse a viajar y comencé con  el aprendizaje del batik en la Escuela de Bellas Artes de Yogyakarta (ISI), en la indagación de la cultura local, conociendo a los vecinos, a los compañeros de clase, a sus amigos y familias…

Por esta razón propongo el batik como reconciliación, como forma de compartir una experiencia a través de un trabajo meticuloso pero inmediatamente satisfactorio, tradicional en alguna otra parte pero nuevo para nosotros. Propongo indagar en esta forma de comunicación transgeneracional y transcultural como método de autoconocimiento – no quedarnos en el aprendizaje de la técnica sino en el análisis de los conceptos “identidad”, “exótico”, “artesanía”.

Me gustaría volver a disfrutar del silencio y la lentitud como no he vuelto a conseguir desde mi vuelta a Occidente, y emplear mi estancia en el Espacio Matrioska para resolver preguntas importantes que se han quedado sin resolver, trazando una conexión entre lo que yo he vivido como dos dimensiones casi opuestas con ayuda del diálogo con el pueblo. Se perpetúa así la idea de artesanía como modo de comunicación (de forma personal y de forma comunitaria) y se materializa en un taller recíproco en el que se intercambian conocimientos a través de lo textil.

¿Qué artesanías está dispuesto a enseñarme Os Blancos? ¿Qué es más “exótico” para mí en estos momentos, Indonesia o Galicia? ¿Existe un motivo tradicional de la región que podamos fusionar con la simbología, creando un juego de identidades?